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Presentación AEPECT solidaria (powerpoint)

Hace algo más de 3 años, recién llegados de nuestra expedición por los Andes y antes de que perdiesen nitidez las duras imágenes que tuvimos ocasión de percibir a nuestro paso por Bolivia, comenzamos a plantearnos la conveniencia de emprender un programa solidario con aquel país. Programa que, dada nuestra profesión, debería estar estructurado en torno a la enseñanza.

En la junta directiva de la AEPECT todos estábamos de acuerdo en que se trataba de un proyecto por el que merecía la pena luchar. Sin embargo, se plantearon dos serias dudas. La primera tenía que ver con nuestra capacidad de gestión: dada la inexperiencia que teníamos en actividades de ONGs, ¿no era demasiado atrevido lanzarnos ya?, ¿no parecía más razonable esperar hasta tener un mejor conocimiento de la situación social en Bolivia, los problemas educativos allí, sus necesidades...? La segunda duda estaba relacionada con la influencia que podía tener en la AEPECT, ¿no supondrá un cambio en los objetivos de la asociación? Y, si le prestamos la atención que reclama, ¿no se resentirán otras líneas de trabajo de la asociación?

Como puede verse, las preguntas no sólo eran pertinentes sino muy razonables. Tanto que sólo ese punto de atrevimiento (hay quien lo llama directamente "insensatez") que nos caracteriza hizo posible que se pusiese en marcha. Algo parecido a lo que ocurrió en 1992 cuando se propuso editar una revista en lugar de, como decían las voces más sensatas, iniciar nuestra experiencia editora con un modesto boletín; o cuando se propuso hacer un Simposio en Mallorca en un momento en que la AEPECT sólo tenía allí un asociado; o cuando se propuso montar expediciones naturalistas… Si hubiésemos sido lo sensatos que tocaba, quizá no habríamos ido a Australia, ni a los Andes, ni dentro de unos días partirían 160 asociados para la Antártida (por cierto, eso parece insensato incluso para nosotros).

Hasta el momento hemos llevado a cabo tres campañas solidarias en Bolivia, quizá demasiado poco para hacer un balance definitivo, pero puede que suficiente para tener ya algunas respuestas y, cómo no, nuevas preguntas.

¿Se han resentido otras líneas de trabajo de la AEPECT? Pues parece que no mucho, casi diría que más bien al contrario. Sin ánimo de ser triunfalista, los dos Simposios que han convivido con el proyecto solidario, el de Girona y el de Alicante, han sido de los mejores de los realizados (y son ya 25 años haciendo simposios). La revista no termina de conseguir la regularidad deseable pero su línea es ascendente en casi todas las variables que pueden considerarse. De las expediciones no es necesario decir más. Quizá las actividades de la Red Territorial sí han tenido un bajón que en otro momento analizaremos.

Es verdad que el programa de colaboración con Bolivia ha supuesto cambios en los objetivos de la asociación y, seguramente, en su imagen externa. Los cambios en los objetivos han sido aprobados por unanimidad en el último Simposio, junto con la creación de una vocalía de Acción Solidaria. Y la "imagen" de la AEPECT ha cambiado, claro que lo ha hecho. Las sociedades, como las personas, siempre cambian, para bien o para mal, en un sentido o en otro, pero inevitablemente cambian. Recuerdo que hace ahora un año recibí un correo electrónico de una profesora de Madrid, geóloga. En él decía que desde hacía tiempo conocía la existencia de la AEPECT, había ojeado alguna de nuestras revistas, entrado en nuestra página web… y no se había animado a inscribirse. Ahora quería hacerlo, había leído la memoria de la campaña solidaria de 2002 y el proyecto para 2003 y "quería pertenecer a una asociación que hacía proyectos tan bonitos".

En cuanto a las dudas organizativas, el asunto es más complejo. Se han despejado algunas y se han abierto otras. Con mucha ilusión, mucho trabajo y algún que otro batacazo hemos conseguido sacar adelante estas tres campañas, en las que hemos dado cursos a numerosos maestros (más bien maestras) bolivianos, transmitido un mensaje de solidaridad de sus colegas españoles, donado varios miles de libros, algunos microscopios, medicinas, etc. y, quiero creer, contribuido algo a su formación. Quienes hemos ido allí hemos tenido ocasión de recibir su agradecimiento, su esperanza y su cariño. Pocas experiencias pueden resultar humanamente más enriquecedoras.

Gestionar todo esto no ha resultado fácil. Ya conocemos razonablemente bien la situación social en Bolivia, sus carencias más perentorias y sus demandas; tenemos firmados convenios de colaboración con numerosas organizaciones bolivianas, tenemos contactos con ONGs que nos ayudan a transportar allí el material y, estoy convencido, de que podríamos tener todo el voluntariado que quisiéramos. Hemos hecho, por tanto, lo más difícil pero si queremos dotar al programa de la necesaria continuidad hay, a mi juicio, que proporcionarle más estabilidad organizativa y económica.

La estabilidad económica no me parece difícil de conseguir. Habrá que dedicarse a buscar algún apoyo externo más y procurar que se incrementen las aportaciones individuales de los asociados. La estabilidad organizativa encierra, seguramente, más dificultades pero ¿qué proyecto de verdadero interés no las tiene? Desde otras ONGs nos comentan que esa estabilidad que queremos implica una cierta "profesionalización" y no puede conseguirse sin liberar a algunas personas para la tarea.

Quizá tengan razón quienes así nos aconsejan pero nuestra intención no es, nunca lo ha sido, montar algo así como Intermon. Un proyecto de ese tipo no sólo nos superaría por su envergadura sino que no tendría sentido que nos lo propusiéramos, para eso ya están las grandes ONGs. A quienes prefieran ese modelo nada les impide inscribirse en una de ellas. Nuestra intención es mucho más modesta pero, sobre todo, es diferente. Hemos querido ofrecer a los asociados la posibilidad de participar en un proyecto solidario de una manera directa, sin intermediarios, sin sentirse una pieza de un engranaje desconocido sino formando parte de un programa de escala más humana, en la que cualquier voluntario pueda ver desde el primer momento todo lo que hay, saber quiénes participan y para qué lo hacen.

Si todas las tareas en nuestra asociación se hacen de manera altruista, no tendría sentido que precisamente las del programa solidario no lo fuesen. Haremos lo que podamos, pero sin "profesionalizaciones". Creo que tenemos razones para sentirnos legítimamente orgullosos de lo realizado hasta ahora. Eso sí, necesitamos que haya más asociados comprometidos con este ilusionante proyecto. Luisa Quintanilla, compañera de la asociación y voluntaria de la Campaña 2004, en un escrito que forma parte de este dossier nos dice que la frase más repetida por los maestros bolivianos en la despedida de los cursos fue "No nos olviden, vuelvan". Algo estaremos haciendo bien.

Patricia Rovira, bióloga, voluntaria de las campañas de 2003 y 2004, ha aceptado la propuesta que le ha hecho la junta directiva de la AEPECT de asumir la recientemente creada vocalía de Acción Solidaria. Su compromiso es para los dos próximos años ya que, en el Simposio de Aveiro, ésta será una de las responsabilidades en la junta directiva para las que se convocarán elecciones. Patricia va a necesitar colaboración y apoyo. Quienes consideréis que es un proyecto por el que merece la pena trabajar, debéis comunicarle vuestro ofrecimiento.

En las páginas que siguen encontraréis informaciones que os permitirán formaros una idea de lo que se ha realizado las campañas. Os animo a que los leáis, ayudéis a su difusión y consideréis la posibilidad del participar de una u otra forma. La causa lo merece.

Emilio Pedrinaci
2004